jueves, 17 de enero de 2013

“¿Dónde has estado todo este tiempo?” (II)

Continuamos con el resumen de mi actividad friki de los últimos meses en esta otra entrada. La anterior la tienen por aquí.

Exprimiendo el Dark Souls


Porque no solo de rol de mesa vive mi tiempo libre, aproveché el haberme asegurado aprobar un par de asignaturas antes de irme de vacaciones para comenzar de nuevo este juegazo.

Para los que no lo conozcan, Dark Souls es un videojuego disponible en PS3, Xbox 360 y PC desarrollado por From Software, compañía responsable de títulazos como Demon’s Souls, influencia directa del juego que nos ocupa, y las sagas de Armored Core y Tenchu. Es un RPG, que es como se llama últimamente a los videojuegos en los que hay una trama medianamente elaborada, exploras mazmorras, subes de nivel, puedes cambiar y mejorar tu equipo y tienes oportunidad de “influir en la historia” según qué zona esquilmes primero o qué escojas responder dentro de las acotadas opciones de conversación.

Final Fantasy, Dragon Age, Mass Effect... porque son juegazos
y me encantan, pero para RPGs ya tengo los de verdad.

Aunque es conocido por su dificultad, de la que doy fe, no es eso lo que más me atrae de él. Su apartado gráfico en paisajes y diseño de monstruos, su banda sonora y su ambientación de fantasía oscura en general son una delicia, al igual que en el Demon’s Souls, pero es en esta segunda vuelta que le doy al juego cuando me doy cuenta de la grandísima profundidad de su historia, que ya de por sí me encantaba, y cuando más he valorado su inusual forma de contarla.

Porque en el Dark Souls no te ponen la trama delante de la cara para que te enteres de todo lo que pasa. Te tienes que buscar la vida.

El hecho de irse pasando el juego, acabar con el jefe final acompañado de esa música tan triste y ver cualquiera de las dos secuencias de cierre puede dejarte tranquilamente con la sensación de que no tienes ni puta idea de lo que acaba de pasar. Y es muy probable que esa sensación sea tan terriblemente certera que quieras pasarte el juego de nuevo estando atento a los detalles, porque son esos detalles los que te cuentan la historia: los lugares que visitas, los comentarios de los diferentes personajes que encuentras en ellos y, más importantes aún, las breves y a menudo crípticas descripciones de los objetos. Armas y armaduras de antiguos héroes, colgantes de princesas, almas de guardianes, hechizos procedentes de otras épocas… todos van hilando una trama compleja en la que, llegado un punto, te cuestionas cuál es el verdadero papel del personaje en el drama y su final, o peor aún, cuál es la verdadera naturaleza del bando en el que decidimos luchar.

Creo que solo los juegos de la saga Legacy of Kain me han dejado con esas ganas de saber más, de enterarme hacia dónde va todo.

En resumen, Dark Souls es un juegazo que recomiendo muchísimo. Si bien es cierto que es difícil no es tan crudo como lo pintan, y puedes cogerle el truco con un par de intentos. Lo digo yo, que aunque me encantan me considero un paquete con los videojuegos… Eso sí, prepárate a morir muchas, muchísimas veces.

Si hasta estoy motivado para hacer alguna partida ambientada en este universo… aunque aún estoy pensando cómo podría enfocarla.

Muerte. Muerte por todas partes.

Haciendo experimentos


De esto hablé muy brevemente en una publicación de Google+. Durante mucho tiempo he visto por los blogs roleros varias disertaciones e intentos de probar a introducir a los más pequeños en la afición. Yo tenía pensada mi propia incursión dentro de este terreno, pues tengo familiares de corta edad a los que creo que les podría gustar todo esto una vez cumplan un par de años más, pero lo que no me esperaba para nada fue la proposición que una de mis jugadoras me hizo llegar poco antes de empezar las navidades:

Dirigirle una partida de rol a su madre.

Pues sí. Resulta que a la madre, de edad superior a los 50 años, de esta compañera de partidas le había llamado la atención eso de que nos reuniéramos una vez en semana para “jugar a rol”, le resultó interesante lo que oyó cuando preguntó lo que era y pidió si se podía hacer una partida con ella durante las vacaciones. Acostumbrado a las reacciones de mi madre, cuya opinión del rol se acercaría más a considerarlo como una fábrica de asesinos de la katana o algo parecido, decir que la propuesta me dejó flipando en colores casi es suavizar la reacción. De todas formas, me hizo ilusión hacer algo de estas características (“¡Esto va para el blog pero fijo!”) así que acepté la propuesta.

Lo primero que hice fue intentar conocer qué sabía la madre de mi amiga sobre el rol, y en cualquier caso cuales eran sus películas o libros preferidos para saber qué tipo de ambientación haría. La primera vez me dijo que le gustaba Conan, y otra vez me comentó que se imaginaba algo tipo La Historia Interminable. Sinceramente me esperaba otras cosas, pero esas referencias me lo ponían más fácil… así que tiré por la clásica ambientación de fantasía medieval, Planeé centrarme en una partida de una sola sesión que tratara de desvelar un misterio mágico tras el que estaría algún tipo de hechicero malvado.

En cuanto al juego propiamente dicho, usé mi querido D&D 3.5. ¿Por qué? Porque es el que más conozco, y por tanto el que mejor controlo, y porque las reglas aunque sencillas no dan la impresión de ser algo insulso o infantil, y pueden aumentar su complejidad sin llegar a convertirse en un batiburrillo de operaciones matemáticas más allá de la suma y la resta. Me preocupaba un poco la complejidad del sistema porque no es la primera vez que me pasa, al intentar explicarle algo a alguien mayor que yo (aunque no sea de rol), termina dejándolo pasar porque “eso es muy complicado para estar aprendiéndoselo ahora” y cosas por el estilo. Pensé por ello en hacer una ficha algo más simplificada por miedo a ver esa reacción al ponerle delante la ficha de D&D, aunque al final no tuve tiempo de hacerla y usamos la de siempre. Afortunadamente no hubo problema a ese respecto.

El grupo de juego fue el de siempre, con la salvedad de que ahora también estaba la madre de una de las jugadoras. Al principio hicimos entre todos una descripción muy simple de cómo funciona el juego (“si quieres hacer algo, tiras este dado y al resultado le sumas lo que ponga en el lugar pertinente de la ficha, te señalo los más usados”), una definición muy superficial de las clases de personaje identificándolos con personajes o estereotipos de la fantasía, como por ejemplo Gandalf o Dumbledore para el Mago, el Aladdín de Disney para el Pícaro o el “Caballero de Brillante Armadura” para el Paladín, algunas razas… y que ella eligiera a partir de ahí.

Lo que optó por hacerse fue lo siguiente: Un druida humano (sí, un hombre) y me pidió tener un dragón de komodo o un varano como compañero animal… Toma ya. No pude evitar acordarme de esta escena según me lo dijo:



Pero bueno, no iba a decir que no a su proposición a menos que hubiera querido un dinosaurio o un dragón “de verdad”, así que le hice a un druida humano con su dragón de komodo y todo.

La partida fue muy divertida aunque el argumento no fue nada especial: El alcalde de la aldea en la que los personajes estaban de paso les solicitó averiguar por qué los suministros de grano y legumbres de una aldea cercana, situada en la falda de la montaña, habían dejado de llegar. Los mensajeros y exploradores enviados no había regresado, y las habladurías mencionaban que la aldea estaba maldita, por lo que nadie había vuelto a intentarlo. Los personajes encontraron la aldea y a sus habitantes completamente congelados en pleno verano, los vahos del hielo moviéndose como por voluntad propia, uniéndose y dirigiéndose al interior de una cueva en la montaña. En el interior de la cueva, un anciano canalizaba esos vapores de hielo para fabricar una estatua de hielo con forma de dragón en una especie de tributo. Al verse descubierto, el anciano suplica a la diosa del invierno que acabe con los intrusos y en respuesta la estatua cobra vida, atacando a los personajes. Al destruir la estatua todo vuelve a la normalidad.

La partida tuvo un buen ritmo hasta la parte final, cuando aceleré la conclusión porque me había excedido del tiempo que quería. Hubieron muchas risas, buenos comentarios y parecía que le había gustado mucho. Lo confirmé en los días sucesivos, cuando mi compañera de juego me dijo que su madre había hablado de la partida con el resto de su familia tras habernos marchado y también había comentado más cosas durante los días siguientes, todas muy positivas. En general todo un éxito.

Hasta aquí la entrada y el gran resumen tras mi ausencia de la blogosfera. Me extendería un poco más con este último apartado, detallando más pormenores de esta sencilla pero curiosa partida, pero me quedaría material para una entrada completa y ya está bien por hoy. En cualquier caso tengo más cosas de las que hablar, como algunas recomendaciones de música para partidas, así que espero ir sumando entradas en los siguientes días, si los exámenes me dejan.

¡Un saludo y nos vemos en la próxima!