lunes, 28 de febrero de 2011

Nocturnum I: Snowflake Valley

El anciano huele el viento del norte, frunce su ceño y sus ojos oscuros.

Se avecina nieve —mucha nieve—, de eso está seguro.

Nieve, y una luna adversa, pues una vez más ha llegado la hora. La luna no es nada nuevo, pero esta nieve...  Es muy anciano, y sus huesos son como pequeñas ramas en otoño; ya le duelen por el frío del invierno y ya no brincan por los ríos como solían hacer antaño.

Aún así, se acercan lunas adversas y hay trabajo que hacer.

El anciano relame sus agrietados labios marrones y enfoca la vista en la pluma de águila que sostiene entre sus dedos. Forzando sus rodillas, se postra y dibuja un círculo en la nieve a sus pies. Canta una canción para sí, suavemente, la canción de los futuros desconocidos, la canción de las cosas que están por venir. Canta a la pluma y al círculo de nieve. Levantando su cabeza, canta a las montañas, al cielo.

Debe saberlo.

El ritual es simple: Canta la canción dos veces más; luego mantiene su brazo extendido ante él y deja caer la pluma. Si cae en el círculo, es que la Bestia viene una vez más, para saciarse bajo la luz de la luna adversa. Si no... significa que sus oraciones han sido escuchadas, y que la Bestia pasará de largo.

La pluma desciende lentamente hasta el suelo. El anciano huele el humo poco antes de poder ubicar el olor. Para entonces la pluma ya ha caído en el centro del círculo. Humea durante otro instante, y luego estalla en llamas.

Con los ojos muy abiertos, con sorpresa y miedo, el anciano se aleja de un salto de la pluma ardiendo. Esta profecía no es buena. Nada buena. Debe ir, debe alertar a los otros. Y debe darse prisa...

...Pues la nieve empieza a caer.